8 septiembre, 2019, Raquel Aldana

Es bueno que tengamos presente en nuestra mente una frase de este tipo: «haz algo bueno cada día tanto para ti como para los demás». La bondad es la mejor inversión, pues revierte en buenos sentimientos, buenas experiencias y buenas consecuencias. Sin embargo, a veces se nos olvida esto en pos de algo mucho menos crucial y trascendental para nuestra vida: el dinero.

Hace poco aparecía en los medios la noticia de una anciana que había cumplido la curiosa promesa que le hizo a su marido antes de morir. Este le pidió que le enterrara con todo el dinero que había acumulado a lo largo de su vida y su mujer, cumplidora como la que más, realizó dicho en cargo.

Al ser preguntada por los familiares, ella dijo que había depositado todo el dinero en una cuenta y que dentro del ataúd había colocado un cheque con el valor de dicho importe para que cuando se despertase pudiera ir a cobrarlo.

La verdad es que no sabremos si alguna vez este rico difunto podrá presentarse en la sucursal bancaria con tal intención, lo que sí sabemos es quela metáfora de este pequeño cuento es enriquecedora para nosotros, pues nos ayuda a replantearnos cómo gestionamos nuestra vida.

Hay vida antes de la muerte

En una de las entrevistas que le hicieron a Eduardo Punset, un gran divulgador científico que es conocido por la mayoría gracias a su programa Redes, le preguntaron por su frase o cita favorita. Él contestó que como científico le había impresionado una que había leído pintada en una de las estaciones del metro de Nueva York.

Rezaba de la siguiente manera: «hay vida antes de la muerte». Simple, sencilla y desconcertante. Es como decir, «vivir mata», pero ¡ojo! en la frase vivir está antes que matar. En el fondo la frase representa una de esas pocas sentencias que habría sobrevivido a la duda metódica y sistemática propuesta por uno de los grandes filósofos racionalistas, René Descartes.

Siguiendo el hilo de los grandes pensadores, hay cierto acuerdo en que la cultura occidental en la que estamos inmersos tiene sus bases en determinados periodos históricos. Uno de ellos es Grecia y su filosofía clásica; otro es el nacimiento del cristianismo y la influencia que tendría precisamente esta sobre la filosofía.

En la necesidad de control que han tenido todas las religiones sobre la sociedad emergió un cristianismo que señalaba a la vida como una preparación para la muerte, para el encuentro con Dios.

De alguna manera se relegaba la vida dirigiendo nuestra mirada hacia el horizonte, lejos del barro que decía que pisábamos. O sea, se trataba de sobrevivir para poder vivir después, de caminar para obtener una recompensa última, final y eterna.

¿Qué nos ha quedado del paraíso?

La religión durante el siglo XX perdió gran parte de su poder, de su capacidad de señalar el camino y de ser escuchada y obedecida. Sin embargo, en nuestra manera de ver el mundo siguen existiendo rescoldos de esta manera de buscar nuestra esencia.

Seguimos con la mirada en el horizonte, educando a nuestros hijos para que estudien, se preparen, aprendan mucho, ganen mucho dinero y sean como 20 hormigas y que en nada se parezcan a la cigarra de la conocida fábula infantil.

«La cigarra era feliz disfrutando del verano: el sol brillaba, las flores desprendían su aroma…y la cigarra cantaba y cantaba. Mientras tanto su amiga y vecina, una pequeña hormiga, pasaba el día entero trabajando, recogiendo alimentos.

– ¡Amiga hormiga! ¿No te cansas de tanto trabajar? Descansa un rato conmigo mientras canto algo para ti. – Le decía la cigarra a la hormiga.

– Mejor harías en recoger provisiones para el invierno y dejarte de tanta holgazanería – le respondía la hormiga, mientras transportaba el grano, atareada.

La cigarra se reía y seguía cantando sin hacer caso a su amiga. Hasta que un día, al despertarse, sintió el frío intenso del invierno. Los árboles se habían quedado sin hojas y del cielo caían copos de nieve, mientras la cigarra vagaba por campo, helada y hambrienta. Vio a lo lejos la casa de su vecina la hormiga, y se acercó a pedirle ayuda.

– Amiga hormiga, tengo frío y hambre, ¿no me darías algo de comer? Tú tienes mucha comida y una casa caliente, mientras que yo no tengo nada.

La hormiga entreabrió la puerta de su casa y le dijo a la cigarra.

– Dime amiga cigarra, ¿qué hacías tú mientras yo madrugaba para trabajar? ¿Qué hacías mientras yo cargaba con granos de trigo de acá para allá?

– Cantaba y cantaba bajo el sol- contestó la cigarra.

– ¿Eso hacías? Pues si cantabas en el verano, ahora baila durante el invierno-

Y le cerró la puerta, dejando fuera a la cigarra, que había aprendido la lección.

Moraleja: Quien quiere pasar bien el invierno, mientras es joven debe aprovechar el tiempo.

Hay vida antes de la vida

Los psicólogos hablamos de crisis existenciales, de determinados altos en el camino que a determinadas edades no causan confusión. Son momentos en los que miramos a nuestros pies y sentimos vértigo porque no estamos acostumbrados a ser conscientes de que en realidad son un reflejo del propio tiempo, nunca se detienen.

«Ser el hombre más rico del cementerio no me interesa… Lo que me importa es irme a la cama cada noche sabiendo que hemos hecho algo maravilloso»

-Steve Jobs-

Diría más que la frase del metro de Nueva York: hay vida antes de lo que pensamos que es vida. Antes de saber mucho, antes de tener mucho dinero, antes de habernos casado, de habernos jubilado o de tener hijos. Hay vida antes de despertar mañana y esa vida son momentos que no tienen que seguir la concepción de camino y de etapas que un día postuló la religión y que aún hoy, sin saberlo, asumimos como nuestra.

Así que lo mejor es realizar algo bueno cada día, pues la bondad es mucho más enriquecedora que el dinero tanto en el transcurso de la vida como en su límite. Al fin y al cabo se trata de sembrar para cosechar, por lo que la pregunta que se nos plantea es: ¿qué hay mejor que plantar bondad para recoger riqueza? La respuesta es clara: sin buenos sentimientos en realidad al final de nuestra vida no tendremos… NADA.

Por eso es crucial que mantengamos este pensamiento muy presente y que no paremos de repetirnos «haz algo bueno al día, pues la bondad nos da la verdadera riqueza vital, no el dinero». Esa será nuestra verdadera recompensa: vivir la vida.