Fuente: Sergio De Dios González. – Escrito por Edith Sánchez La Mente es Maravillosa

La sexualidad humana está dotada de erotismo, simbolismos y significados enriquecidos, especialmente si lo comparamos con el mundo animal, donde la motivación reproductiva es mucho más marcada. Veamos sus particularidades.

La sexualidad humana y la animal tienen elementos en común, pero también muchos contrastes. No podría ser de otro modo, si se toma en cuenta que los seres humanos estamos inmersos en una cultura y en una civilización, dotadas ambas de realidades simbólicas ausentes en el mundo animal.

Lo anterior hace que la sexualidad en el hombre sea histórica, a diferencia de la animal. Lo que se piensa del sexo y la forma en como se asume y se practica, depende del contexto. En los años 20 fue retirada la escena de un beso, en una película, pues se consideró pornográfica. En la actualidad una escena así no provoca ninguna reacción.

La sexualidad en los humanos no es genitalidad ni pornografía , aunque no es raro que los tres conceptos se confundan. Hay tabúes y elementos que compartimos con los animales. De todos modos, la diferencia entre el sexo en los humanos y en otras especies estriba principalmente en los cuatro aspectos que veremos a continuación.

«Hay menos maneras de hacer el amor de lo que se dice, pero más de lo que se cree».

-Colette-

1. No hay «celo», un contraste entre la sexualidad humana y la animal

Una de las grandes diferencias entre la sexualidad de los humanos y la de los animales es lo que se conoce como «celo». Las demás especies solo tienen cópula sexual en momentos específicos y nunca fuera de estos. Los seres humanos pueden tener sexo y expresiones sexuales sin esta restricción orgánica.

Los animales nunca practican sexo cuando la hembra está en gestación. En el ser humano no existe esa limitante. Asimismo, las otras especies no copulan cuando la hembra está menstruando; mientras que en los humanos esta pauta no está presente, como tampoco lo está en unos pocos primates.

Por lo tanto, la sexualidad humana es mucho más activa y extensa. No requiere ni de momentos ni de lugares específicos. La única condición es que esté presente el deseo sexual y la capacidad anatómica y fisiológica para llegar a la cópula.

2. El humano tiene muchísimas más zonas erógenas

Si bien algunos mamíferos, en especial los primates, obtienen placer del contacto físico y de acciones como frotarse y lamerse, solo el ser humano tiene zonas erógenas  como tal. Estas son áreas del cuerpo con muy ricas terminaciones nerviosas, que proporcionan sensaciones placenteras asociadas a la sexualidad.

Tales zonas están ubicadas en los labios, los lóbulos de las orejas, los pezones, los senos y los órganos genitales. Es por eso que la sexualidad humana también puede adoptar muchas modalidades y permite una gran cantidad de juegos sexuales. Hay placer más allá de lo genital.

No obstante, hay que decir que algunos animales también tienen conductas sexuales asociadas a las zonas erógenas. Los murciélagos de la fruta de nariz corta tienen sexo oral. Se cree que esto prolonga la cópula y hace más eficaz la fecundación. Los osos pardos en cautiverio también tienen sexo oral, pero no es claro si en condiciones silvestres mantienen esa práctica.

3. La conducta después del orgasmo

Otra diferencia entre ambas sexualidades es la conducta después del orgasmo. Esto es mucho más notorio en el sexo femenino. Las hembras de los primates, por ejemplo, una vez termina la cópula vuelven a sus actividades normales, como si nada hubiera sucedido. Lo mismo ocurre con todos los animales en general.

El ser humano no funciona igual, incluso en relaciones sexuales ocasionales. Tanto el hombre como la mujer parece que necesitan de una suerte de transición entre el coito y la vida cotidiana normal. Lo usual es que en el marco de una pareja aparezcan expresiones de afecto o quizás de tristeza e inseguridad. Todo depende de la relación.

4. La sexualidad en el humano es mucho más prolongada

La cuarta diferencia entre la sexualidad humana y la animal está en su vigencia en términos de edad. En los animales viejos no suele haber conductas sexuales, en especial en las hembras. Una vez han terminado su etapa reproductiva, la mayoría mueren. Otros duran algunos años más, pero su sexualidad es prácticamente nula.

En el ser humano es diferente. Una persona puede ser activa sexualmente incluso a edades muy avanzadas. Aplica tanto para las mujeres como para los hombres. Aunque hay menos actividad sexual con los años, esta en realidad no tiene por qué cesar.

En suma, la sexualidad humana no tiene una finalidad estrictamente reproductiva. De igual modo, está atravesada por elementos simbólicos que le otorgan un significado para el individuo y para la cultura. Implica la satisfacción de un instinto, pero también de una necesidad de vinculación y de trascendencia.