Fuente: Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González. – Escrito por Jennifer Rojas – La Mente es Maravillosa

Lidiar con la búsqueda del sentido de la vida puede ser abrumador, pero la filosofía tiene respuestas a esta cuestión tan profunda para los seres humanos. ¡Sigue leyendo para descubrirlas!

Seguro que preguntas sobre la vida, tanto de la propia como en general, han llamado a tu puerta. Pero el frenesí de la vida cotidiana probablemente lo dejas en un rincón, para prestar atención a cuestiones más prioritarias. En este artículo volveremos a considerar el sentido de la vida, pero desde una perspectiva filosófica.

A todos nos implican cuestiones como «¿por qué estamos aquí?» o «¿cuál es nuestro propósito?». Al respecto, la filosofía reflexionó en torno a temáticas tales como la angustia, la desesperación, el ser en el mundo y la cotidianeidad. Así, hoy proponemos un curioso viaje sobre lo qué han dicho grandes filósofos, como Kierkegaard, Heidegger y Sartre, sobre esta cuestión. ¡Vamos!

El sentido de la vida para los existencialistas

El existencialismo es una corriente filosófica que nos invita a razonar sobre la existencia humana, la búsqueda de sentido y propósito en la vida. Surgió a finales del siglo XIX y considera que primero está la existencia y luego el pensamiento. Con ello, sus seguidores defienden que primero se existe y luego se vive. Los principales representantes fueron Soren Kierkegaard, Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre.

Angustia y desesperación

La vida sin un propósito puede hacerse cuesta arriba. Por lo general, tenemos como aspiración objetivos materiales y mundanos que nos hacen soportar la existencia con algo de éxito. Sin embargo, según Kierkegaard, es necesario encontrar un fundamento filosófico que le dé sentido a vivir.

Tengo que hallar una verdad para mí, encontrar esa idea por la que quiero vivir y morir.

– Soren Kierkegaard-

Para ello, el letrado propone los conceptos de desesperación y angustia , a los que asocia una actitud vital. En este sentido, la desazón por la vida comienza cuando reflexionamos sobre las limitaciones, empezando por la finitud de nuestra existencia.

Así, una opción para alejar esta angustia sería la estética. Este estadio llama a sumergirnos en placeres mundanos y superfluos; nos motivaría a decantarnos por aquellas alternativas capaces de producirnos emoción y pasión. Esta forma de vida terminaría consiguiendo que nos desesperáramos.

¿Qué hacer ante esta situación? Hay dos caminos a elegir: deleitarse en las actividades cotidianas que nos alejan de la pregunta por el sentido de vivir o cambiar la realidad y forma de ver el mundo, incluyendo en ella nuestra innegable finitud biológica.

Por tanto, se trata de superar a través de la elección la angustia que generaría preguntarnos por el sentido de vivir. ¿Qué elegimos? Una vida conforme a las reglas éticas. En nuestro poder está la libertad de hacer el bien o el mal. Cuanto mejores sean nuestras decisiones, más cerca estaremos de superar la angustia y desesperación propias de una existencia mortal y finita.

Heidegger y el ser-en-el-mundo

Martin Heidegger fue un filósofo alemán de considerable influencia durante el siglo XX. Se interesó por temáticas tales como la existencia humana, la relación entre el hombre y la naturaleza, así como también sobre la ontología.

En su obra Ser y tiempo plantea que el sujeto humano es un ser que está en el mundo. Es decir, el individuo está arrojado al mundo. Al igual que Kierkegaard, considera nos podemos llegar a sentir muy angustiados por ser solo un granito de arena de existencia finita en una playa sin límites. Por tanto, el ser humano sabe que su destino es la muerte. ¿Pero qué hacer ante ello?

El filósofo sostiene que podemos vivir de espaladas a nuestra mortalidad, llevando así una vida artificial. La otra salida sería aceptar que moriremos y vivir de cara a esta realidad; de esta manera tendríamos la facultad de generar el miedo que emana de una posibilidad que aceptamos.

El ser humano como proyecto

Jean-Paul Sartre fue un filósofo y dramaturgo francés. Sus obras filosóficas versan sobre el existencialismo, mientras que las teatrales exploran la condición humana.

Sartre plantea la existencia entre los conceptos del ser y la nada. En este sentido, existir le corresponde al ser, mientras que la no existencia (o la muerte) le corresponde a la nada. No obstante, este intelectual le da mucha importancia al ser porque sin él no existiría la nada. Es decir, sin la existencia, la nada no tendría sentido.

El hombre es el ser a través del cual la nada viene al mundo.

-Jean-Paul Sartre-

Por ello, el valioso énfasis que el filósofo pone sobre la existencia o el ser es tal que considera al mismo como proyecto. Es decir, en el transcurso de la vida el sujeto se va forjando su propio ser. Lo podemos constatar en la cotidianidad: viviendo nos forjamos una vida propia, con sentido para nosotros.

Por tanto, hacer y decidir son fundamentales para encontrar el sentido de la vida. Porque vivir implica siempre tomar decisiones y al hacerlo, hacemos eso que decidimos. Se trata de construir el sentido de vivir en el hacer y en el decidir.

El sentido de vivir desde la cotidianidad

Dejando de lado las posturas existencialistas, hay otras corrientes que se centran en explorar el sentido de la vida desde una perspectiva socio-cultural. Según ella, la vida individual se enmarca en ciertos contextos de la actividad diaria y en las relaciones que entablamos con los demás.

Según lo anterior, el individuo tendría en poder de erigirse como su arquitecto  a través de la reflexión. Dicha existencia es social, porque el individuo no se mueve de manera sola y aislada, sino que convive con otros seres humanos que también construyen sus sentidos vitales con los demás.

Es en la cotidianidad, conformada por las actividades y las relaciones sociales de los individuos, donde cada uno construiríamos de manera natural el sentido de la vida. Pero, cuidado, porque nos podemos perder en la rutina, la monotonía y el conformismo, convirtiéndonos así seres irreflexivos que pierden el sentido de vivir que promueve la sociedad.

El propio sentido de la vida

La filosofía nos ofrece distintas atalayas desde las que podemos reflexionar sobre el significado de la vida. Cuestiones fundamentales como la existencia, la moralidad y la libertad nos pueden ayudar a comprender nuestras propias vidas y encontrar un propósito.

Asimismo, la filosofía nos enseña que la vida no tiene un sentido universal. En cambio, el sentido y el valor de la vida es una construcción que el propio individuo debe hacer. No existen recetas mágicas para buscar el sentido de vivir, pero la filosofía nos sirve como guía para ello. Interesante, ¿verdad?