La fábula del pendejo

Se cuenta que en una ciudad del interior, un grupo de personas se divertía con el pendejo del pueblo, un pobre infeliz, de poca inteligencia, que vivía haciendo pequeños mandados y limosnas. Diariamente algunos hombres llamaban al pendejo al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una de tamaño grande de 400 reales y otra de menor tamaño, pero de 2000 reales. Él siempre cogía la más grande y menos valiosa, lo que era motivo de risa para todos. Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió: lo sé, no soy tan pendejo. Ella vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el jueguito acaba y no voy a ganar más mi moneda. Esta historia podría concluir aquí, como un simple chiste, pero se pueden sacar varias conclusiones: La primera: Quien parece pendejo, no siempre lo es. La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos pendejos de la historia? La tercera: Una ambición desmedida puede acabar cortando tu fuente de ingresos. Pero la conclusión más interesante es: 1.- Podemos estar bien, aun cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. 2.- Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, sino lo que uno piensa de sí mismo. 3.- El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser pendejo delante de un pendejo que aparenta ser inteligente. Autor: Por conocer

Tomás Carrasquilla – En la diestra de Dios Padre

Este dizque era un hombre que se llamaba Peralta. Vivía en un pajarate muy grande y muy viejo, en el propio camino real y afuerita de un pueblo donde vivía el Rey. No era casao y vivía con una hermana soltera, algo viejona y muy aburrida. No había en el pueblo quién no conociera a Peralta por sus muchas caridades: él lavaba los llaguientos; él asistía a los enfermos; él enterraba a los muertos; se quitaba el pan de la boca y los trapitos del cuerpo para dárselos a los pobres; y por eso era que estaba en la pura inopia; y a la hermana se la llevaba el diablo con todos los limosneros y leprosos que Peralta mantenía en la casa. «¿Qué te ganás, hombre de Dios –le decía la hermana–, con trabajar como un macho, si todo lo que conseguís lo botás jartando y vistiendo a tanto perezoso y holgazán? Casáte, hombre; casáte pa que tengás hijos a quién mantener». «Cálle la boca, hermanita, y no diga disparates. Yo no necesito de hijos, ni de mujer ni de nadie, porque tengo mi prójimo a quién servir. Mi familia son los prójimos». «¡Tus prójimos! ¡Será por tanto que te lo agradecen; será por tanto que ti han dao! ¡Ai te veo siempre más hilachento y más infeliz que los limosneros que socorrés! Bien podías comprarte una muda y comprármela a yo, que harto la necesitamos; o tan siquiera traer comida alguna vez pa que llenáramos, ya que pasamos tantos hambres. Pero vos no te afanás por lo tuyo: tenés sangre de gusano». Esta era siempre la cantaleta de la hermana; pero como si predicara en desierto frío. Peralta seguía más pior; siempre hilachento y zarrapastroso, y el bolsico lámparo lámparo; con el fogoncito encendido tal cual vez, la despensa en las puras tablas y una pobrecía, señor, regada por aquella casa desde el chiquero hasta el corredor de afuera. Figúrese que no eran tan solamente los Peraltas, sino todos los lisiaos y leprosos, que se habían apoderao de los cuartos y de los corredores de la casa «convidaos por el sangre de gusano», como decía la hermana. Una ocasioncita estaba Peralta muy fatigao de las afugias del día, cuando, a tiempo de largarse un aguacero, arriman dos pelegrinos a los portales de la casa y piden posada: «Con todo corazón se las doy, buenos señores –les dijo Peralta muy atencioso–; pero lo van a pasar muy mal, porqu’en esta casa no hay ni un grano de sal ni una tabla de cacao con qué hacerles una comidita. Pero prosigan pa dentro, que la buena voluntá es lo que vale». Dentraron los pelegrinos; trajo la hermana de Peralta el candil, y pudo desaminarlos a como quiso. Parecían mismamente el taita y el hijo. El uno era un viejito con los cachetes muy sumidos, ojitriste él, de barbitas rucias y cabecipelón. El otro era muchachón, muy buen mozo, medio mono, algo zarco y con una mata de pelo en cachumbos que le caían hasta media espalda. Le lucía mucho la saya y la capita de pelegrino. Todos dos tenían sombreritos de caña, y unos bordones muy gruesos, y albarcas. Se sentaron en una banca, muy cansaos, y se pusieron a hablar una jerigonza tan bonita, que los Peraltas, sin entender jota, no se cansaban di oirla. No sabían por qué sería, pero bien veían que el viejo respetaba más al muchacho que el muchacho al viejo; ni por qué sentían una alegría muy sabrosa por dentro; ni mucho menos de dónde salía un olor que trascendía toda la casa: aquello parecía de flores de naranjo, de albahaca y de romero de Castilla; parecía de incensio y del sahumerio de alhucema que le echan a la ropita de los niños; era un olor que los Peraltas no habían sentido ni en el monte, ni en las jardineras, ni en el santo templo de Dios. Manque estaba muy embelesao, le dijo Peralta a la hermana: «Hija, date una asomaíta por la despensa; desculcá por la cocina, a ver si encontrás alguito que darles a estos señores. Mirálos qué cansaos están; se les ve la fatiga». La hermana, sin saberse cómo, salió muy cambiada de genio y se fué derechito a la cocina. No halló más que media arepa tiesa y requemada, por allá en el asiento di una cuyabra. Confundida con la poquedá, determinó que alguna gallina forastera tal vez si había colao por un güeco del bahareque y había puesto en algún zurrón viejo di una montonera qui había en la despensa; que lo qu’era corotos y porquerías viejas sí había en la dichosa despensa hasta pa tirar pa lo alto; pero de comida, ni hebra. Abrió la puerta, y se quedó beleña y paralela: en aquel despensón, por los aparadores, por la escusa, por el granero, por los zurrones, por el suelo, había de cuanto Dios crió pa que coman sus criaturas. Del palo largo colgaban los tasajos de solomo y de falda, el tocino y la empella; de los garabatos colgaban las costillas de vaca y de cuchino; las longanizas y los chorizos se gulunguiaban y s’enroscaban que ni culebras; en la escusa había por docenas los quesitos, y las bolas de mantequilla, y las tutumadas de cacao molido con jamaica, y las hojaldras y las carisecas; los zurrones estaban rebosaos de frijol cargamanto, de papas, y de revuelto di una y otra laya; cocos de güevos había por toítas partes; en un rincón había un cerro de capachos de sal de Guaca; y por allá, junto al granero, había sobre una horqueta un bongo di arepas di arroz, tan blancas, tan esponjadas, y tan bien asaítas, que no parecían hechas de mano de cocinera d’este mundo; y muy sí señor un tercio de dulce que parecía la mismita azúcar. «Por fin le surtió a Peralta –pensó la hermana–. Esto es mi Dios pa premiale sus buenas obras. ¡Hasta ai víver! Pues, aprovechémonos». Y dicho y hecho: trajo el

El poema atribuido a Benedetti que te ayudará a recobrar fuerzas si eres infeliz

Fuente: Maru Vázquez – 16 de Julio, 2018 Mario Benedetti es de esos pocos autores que tienen una palabra o un verso completo que logra describir casi cualquier momento de la vida. Si estás pasando por un momento complicado, no te convenceremos de mirar al cielo y sonreír solamente porque respiras, pero imagina esto: ser neurólogo, psiquiatra y esposo y tener que supervivir a la estancia en varios campos de concentración nazis, perderlo todo, incluso al amor de tu vida, y aún así, salir adelante y convertirte en un referente. Si te parece muy descabellado, es seguramente porque no conoces a Victor Frankl, quien aseguraba que “la vida no se hace insoportable por las circunstancias, sólo se hace insoportable por la falta de sentido y propósito”. O dicho de otra forma, asegura que quien tiene un porqué siempre encontrará un cómo. Entonces, ¿en serio crees que no tienes una razón para seguir? Todos hemos tenido días, incluso épocas difíciles, de ésas en que sólo esperas que el tiempo pase y la muerte no te encuentre como a Elvis Presley; y en esos días que incluso dudas de tu existencia, lo último que quieres es que alguien te diga que le “eches ganas”. Pero ¿y si de verdad alguien tuviera las palabras precisas para en serio contagiarte y hacer que tengas ganas de ir por una taza de café, mirarte al espejo y sonreír? Al fin y al cabo no pueden estar equivocados todos aquellos que aseguran que todo pasa, ¿o sí? Mientras lo descubres y pasan lunas, pierdes “amigos”, encuentras consuelo, te enojas, te cansas y empiezas de nuevo. Por eso tienes que leer este poema de Mario Benedetti y quizá también éstos de aliento, en los que encontrarás las palabras para seguir, un día a la vez, mientras aceptas que no volverás a ser quien eras, porque crecer es parte de evolucionar. No te rindas No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo. No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros, y destapar el cielo. No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo porque lo has querido y porque te quiero porque existe el vino y el amor, es cierto. Porque no hay heridas que no cure el tiempo. Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron, vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar un canto, bajar la guardia y extender las manos desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos. No te rindas, por faror no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento. Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Lilith, la demoniaca primera mujer que abandonó a Adán según la tradición judía

Algunas interpretaciones rabínicas aseguran que durante la creación aparece insinuada una tercera presencia humana, Lilith, que hunde sus orígenes en la tradición mesopotámica. El Judaísmo no la ha deificado, pero la ha empleado para introducir el concepto del mal ligado al erotismo femenino «Y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces a Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada», relata el libro del Génesis sobre la creación bíblica de la primera mujer en la faz de la tierra, Eva. No en vano, una extendida interpretación rabínica considera que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra los creó» significa que hubo otra mujer antes, la cual terminó abandonando el Paraíso. Según esta tradición judía, Lilith es esa mujer que precedió a Eva, y que, una vez lejos de Adán, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y una encarnación de la belleza maligna así como la madre del adulterio. Más allá de esta tradición hebrea, el origen del mito de Lilith parece contar con raíces sumerias o acadias. En concreto había en Mesopotamia, según el arqueólogo británico Reginald Campbell Thompson, un grupo de demonios femeninos derivado de la criatura Lilitú (Lilu, Lilitu y Ardat Lili) con unas características que responden a esta figura mitológica: eran mitad humanas y mitad divinas, usaban la seducción y el erotismo como armas; y la noche era su hábitat natural. Todos estos súcubos, en cualquier caso, tenían las cualidades de lo que luego se ha representado como los vampiros, aunque cubiertos de pelo, y derivaban de la palabra «viento» o «espíritu». Esta tradición habría pasado más tarde a la cultura judía a través de los semíticos residentes en Babilonia. Los judíos adaptaron así al hebreo el nombre de esta criatura maligna hasta vincularlo posiblemente a la palabra «laila» (traducido como noche). Lilitú perdió varias cualidades con su versión hebrea, como es su carácter divino, pero adquirió una personalidad más compleja. Su presencia es frecuente en el folclore y los textos del Judaísmo, entre ellos el Génesis, según defienden algunas interpretaciones rabínicas. Así, frente a las dudas que ha generado el fragmento del Génesis «y creó Dios al hombre (Adán) a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó», han surgido interpretaciones de diferentes rabinos a lo largo de la historia que plantean que, o bien Adán fue creado inicialmente como un andrógino –que poseía un cuerpo femenino y uno masculino unidos por la espalda–, o, como recoge repetidas veces en su obra el mitólogo inglés Robert Graves, hubo otra mujer antes que Eva, la rebelde y lujuriosa Lilith, que finalmente abandonó el paraíso. «Yo también fui hecha con polvo» Según el Yalqut Reubeni –una colección del siglo XVII de midrashim (interpretaciones de textos antiguos) por el rabino Rubén Hoschke Kohen–, « Dios formó a Lilith del mismo modo que había formado a Adán, aunque utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro». La inmundicia habría convertido a esta criatura en un demonio del que, a su vez, nacieron otras criaturas malignas que «todavía atormentan a la humanidad». Estos demonios hembras se dedicaban a atacar a las madres durante los partos con el fin de robar al recién nacido para luego matarlo, como retrata un sello cilíndrico expuesto en el Museo de Oxford. En este sentido, existe otra interpretación que presenta a Lilith como una criatura igual a Adán, hecha de polvo puro, que se rebela contra los designios divinos y muestra un marcado carácter. En el Alfabeto de Ben Sira (escrito entre el siglo VIII y el XI), se narra cómo Lilith se resistió a yacer por debajo de Adán: «¿ Por qué he de yacer debajo de ti? Yo también fui hecha con polvo y por tanto, soy tu igual», afirmó Lilith, que, al ser forzada por Adán a obedecerle, pronunció el nombre de Dios en vano y decidió abandonar el Edén con dirección al Mar Rojo. Esta versión de Lilith se ha emplazado como una representación de las mujeres canaaneas y su visión de las relaciones sexuales en un periodo, hacia el 586 a.C, en el que se fusionaron parcialmente los panteones propios de los canaanitas con los hebreos. De esta manera, la demonización de Lilith es una crítica a las prácticas de las mujeres canaaneas dadas a mantener relaciones sexuales pre-matrimoniales y a una sexualidad más abierta que la mostrada por las hebreas. Lilith es el demonio rebelde, el mal ejemplo que precedió a Eva, más obediente a lo que Adán esperaba de una mujer. No en vano, algunas de las cualidades de esta versión de Lilith parecen haberse inspirado en el principal culto femenino de los canaanitas –el pueblo que según el Antiguo Testamento conquistaron los judíos tras el éxodo por el desierto–, Asheráh, diosa de los partos y la fertilidad. Tras abandonar el paraíso, Lilith se asentó en la costa del Mar Rojo. Esta región se caracterizaba, según esta tradición mitológica, por la presencia de innumerables demonios, con los cuales engendró nuevas criaturas, «a razón de más de cien por día». Ante este hecho, Dios envió a un grupo de ángeles para exigirla que volviera con Adán: «Regresa con Adán de inmediato o te ahogaremos». A lo que ella respondió que ya no podía regresar porque «Dios me ha ordenado que me haga cargo de todos los recién nacidos, de los niños hasta el octavo día de vida (el de la circuncisión) y de las niñas hasta el vigésimo día». Finalmente, Dios permitió vivir a Lilith, pero la castigó haciendo que cientos de sus hijos demoniacos perecieran cada día. Desde entonces, la hermosa criatura se propuso matar a todos los hijos de Adán y a todas las madres durante el nacimiento y los días siguientes al parto. Lamia, cuerpo de dragón y esencia de Lilith La leyenda Lilith es posiblemente también el origen del popular mito griego de la reina Lamia, que, tras matar a sus propios hijos por culpa de un engaño de Hera, sintió envidia de las otras madres y se dedicó a devorar a sus

‘Te deseo tiempo’, un poema de Elli Michler

No hay mejor regalo que podamos hacer y hacernos que tiempo; al fin y al cabo y aunque a veces se nos olvide, es finito y la falta de él, el mal de nuestros días. La escritora alemana Elli Michler escribió este poema en 1987 que ya ha sido musicalizado en más de 40 ocasiones. Ahora que reiniciamos a un nuevo año, llega el momento de poner en marcha los buenos propósitos que imaginamos y que toca volver a la vida real, les deseamos a todos tiempo: No te deseo un regalo cualquiera, te deseo aquello que la mayoría no tiene, te deseo tiempo, para reír y divertirte, si lo usas adecuadamente podrás obtener de él lo que quieras. Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar, no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás. Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas sino para que siempre estés contento. Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra, sino para que te quede tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza y no sólo para que lo veas en el reloj. Te deseo tiempo para que toques las estrellas y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú. Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar, no tiene sentido añorar. Te deseo tiempo para que te encuentres contigo misma/o, para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo. También te deseo tiempo para perdonar y aceptar. Te deseo de corazón que tengas tiempo, tiempo para la vida y para tu vida. – Elli Michler

Vida Laboral vs. Vida Personal

Un amigo, se graduó hace un par de años y vive en EEUU, tiene un trabajo en el área de computación en una Empresa Internacional y por eso viaja por diversos países, en estos días lo volví a ver y cuando le pregunté por su trabajo me contestó… ‘Tranquilo, pero muy bien’. ¿Por qué tranquilo?’, le pregunté. Me dio una respuesta muy interesante: ‘Porque allá se entra muy puntualmente, pero se debe salir también a la hora precisa. Si te quedas a trabajar más tiempo, tu jefe empieza a dudar de tu capacidad y ofrece quitarte el trabajo. El trabajo que se asigna es para realizarlo en las horas que debes permanecer en la oficina y a la empresa le interesa que quienes trabajan ahí tengan vida personal y equilibrio emocional’. Esa vida personal empieza a las 6 de la tarde. Esto coincide con un programa de televisión que me tocó ver por cable en días pasados. Era una reunión de expertos en relaciones laborales y la gran discusión eran los horarios de trabajo que se han alterado en muchos países. Uno de los expertos dijo: ‘El trabajo no debe sustituir jamás la vida personal del trabajador’.  Y explicó porqué: La única posibilidad de encontrar un equilibrio necesario para que una persona sea sana en lo psicológico, emocional e intelectual es que le dedique tanto tiempo a sus relaciones personales como a sus relaciones laborales. Las exigencias laborales se han vuelto muy demandantes, algunas empresas han obligado a sus empleados a posponer su vida personal para un futuro que nunca llega y lo peor, a renunciar a ella para sustituirla con la vida laboral, lo cuál es absurdo. Entre muchas otras cosas, uno de los expertos señaló algunas de las cuestiones que deberían encender la alarma en cualquier institución o empresa, por que son síntomas de que algo anda mal: Exceso de reuniones, particularmente de aquellas en las que se discute mucho pero no se llega a nada concreto. Planes y programas muy bien elaborados que rara vez toman forma o generan los resultados deseados. El premiar al que permanece trabajando 2 o 3 horas mas después de la hora de salida, según el experto este, puede ser por tres razones: Por que no le alcanza el tiempo (síntoma de ineficiencia o incapacidad por parte del trabajador) Por que se ha asignado más trabajo del que debe tener ese puesto (síntoma de ineficiencia de quien asigna el trabajo). Por que hizo cosas ajenas al trabajo durante el tiempo de este y por lo tanto tiene que reponer el tiempo perdido. ** Efecto dominó (cualquiera de las tres opciones antes mencionadas sucede con alguien y afecta el trabajo de otros, que como consecuencia, también se tendrían que quedar a completar su responsabilidad) El que todos los ejecutivos o directivos deban estar siempre a cualquier hora del día) disponibles, para lo cuál se les obliga a cargar con un rastreador, celular, beeper, etc. El que se reciban mensajes, a altas horas de la noche o en la madrugada y/o ante los fines de semana (que deban estar con su familia) El que! entre sus empleados o directivos haya un alto índice de divorcios o peor aún infartos, crisis nerviosa. El que los familiares (esposa e hijos) se quejen del tiempo excesivo que estos le dedican a la empresa. El que el trabajo se convierta en algo agobiante y genere más estrés que satisfacción. ¿Te reconoces en alguna de ellas? ¿Crees que el experto está equivocado? ¿Consideras que son exageraciones? El trabajo es uno de los elementos importantes en la vida de los seres humanos, pero no el único. Una pregunta : ¿Cuando fue que saliste a la hora exacta sin sentirte culpable? Ahora que opinas. A veces nos desvivimos tanto por el trabajo que lo menos que esperamos es una gratificación a! nuestros esfuerzos, pero nuestros esfuerzos son en vano… ya que nunca llega la noticia esperada. Por eso pienso que uno debe compartir con su familia Todo el tiempo que pueda. EL TRABAJO SE QUEDA Y OTRA PERSONA TOMA TU LUGAR, NADIE ES INDISPENSABLE EN UNA COMPAÑÍA O EMPRESA. EN TU HOGAR NADIE TOMA TU LUGAR Y TU SÍ ERES INDISPENSABLE EN ÉL.

Los tres consejos!!!

Una pareja de recién casados era muy pobre y vivía de los favores de un pueblito del interior. Un día el marido le hizo la siguiente propuesta a su esposa: «Querida yo voy a salir de la casa, voy a viajar bien lejos, buscar un empleo y trabajar hasta tener condiciones para regresar y darte una vida mas cómoda y digna. No se cuanto tiempo voy a estar lejos, solo te pido una cosa, que me esperes y mientras yo este lejos, seas fiel a mi, pues yo te seré fiel a ti.» Así, siendo joven aun. Camino muchos días a pie, hasta encontrar un hacendado que estaba necesitando de alguien para ayudarlo en su hacienda. El joven llego y se ofreció para trabajar y fue aceptado. Pidio hacer un trato con su jefe, el cual fue aceptado tambien. El pacto fue el siguiente: «Déjeme trabajar por el tiempo que yo quiera y cuando yo encuentre que Debo irme , el señor me libera de mis obligaciones: Yo no quiero recibir mi salario. Le pido al señor que lo coloque en una cuenta de ahorro hasta el día en que me vaya. El día que yo salga. uds. me dará el dinero que yo haya ganado.» Estando ambos de acuerdo. Aquel joven trabajo durante 20 años, sin vacaciones y sin descanso. Después de veinte años se acerco a su patrón y le dijo: «Patrón, yo quiero mi dinero, pues quiero regresar a mi casa.» El patrón le respondió: «Muy bien, hicimos un pacto y voy a cumplirlo, solo que antes quiero hacerte una propuesta, esta bien? Yo te doy tu dinero y tu te vas, o te doy tres consejos y no te doy el dinero y te vas. Si yo te doy el dinero, no te doy los consejos y viceversa. Vete a tu cuarto, piénsalo y después me das la respuesta.» El pensó durante dos días, busco al patrón y le dijo: «QUIERO LOS TRES CONSEJOS» El patrón le recordó: «Si te doy los consejos, no te doy el dinero.» Y el empleado respondió: «Quiero los consejos» El patrón entonces le aconsejo: «NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. Caminos mas cortos y desconocidos te pueden costar la vida. NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL, pues la curiosidad por el mal puede ser fatal. NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, pues puedes arrepentirte demasiado tarde. Después de darle los consejos, el patrón le dijo al joven, que ya no era tan joven, así: «AQUÍ TIENES TRES PANES, dos para comer durante en viaje y el tercero es para comer con tu esposa cuando llegues a tu casa.» El hombre entonces, siguió su camino de vuelta, de veinte años lejos de su casa y de su esposa que el tanto amaba. Después del primer día de viaje, encontró una persona que lo saludo y le pregunto: «Para donde vas?» El le respondió: «Voy para un camino muy distante que queda a mas de veinte días de caminata por esta carretera.» La persona le dijo entonces: «Joven, este camino es muy largo, yo conozco un atajo con el cual llegaras en pocos días». El joven contento, comenzó a caminar por el atajo, cuando se acordó del primer consejo, «NUNCA TOMES ATAJOS EN TU VIDA. CAMINOS MAS CORTOS Y DESCONOCIDOS TE PUEDEN COSTAR LA VIDA » Entonces se alejó de aquel atajo y volvió a seguir por el camino normal. Dos días después se enteró de otro viajero que había tomado el atajo, y lo asaltaron, lo golpearon, y le robaron toda su ropa. Ese atajo llevaba a una emboscada! Después de algunos días de viaje, y cansado al extremo, encontró una pensión a la vera de la carretera. Era muy tarde en la noche y parecía que todos dormían, pero una mujer malencarada le abrió la puerta y lo atendió Como estaba tan cansado, tan solo le pagó la tarifa del día sin preguntar nada, y después de tomar un baño se acostó a dormir. De madrugada se levantó asustado al escuchar un grito aterrador. Se puso de pié de un salto y se dirigió hasta la puerta para ir hacia donde escuchó el grito. Cuando estaba abriendo la puerta, se acordó del segundo consejo. » NUNCA SEAS CURIOSO DE AQUELLO QUE REPRESENTE EL MAL PUES LA CURIOSIDAD POR EL MAL PUEDE SER FATAL» Regresó y se acostó a dormir. Al amanecer, después de tomar café, el dueño de la posada le pregunto si no había escuchado un grito y el le contesto que si lo había escuchado. El dueño de la posada de pregunto: Y no sintió curiosidad? El le contesto que no. A lo que el dueño les respondió: Ud. Ha tenido suerte en salir vivo de aquí, pues en las noches nos acecha una mujer maleante con crisis de locura, que grita horriblemente y cuando el huésped sale a enterarse de qué está pasando, lo mata, lo entierra en el quintal, y luego se esfuma. El joven siguió su larga jornada, ansioso por llegar a su casa. Después de muchos días y noches de caminata.. ya al atardecer, vio entre los árboles humo saliendo de la chimenea de su pequeña casa, camino y vio entre los arbustos la silueta de su esposa. Estaba anocheciendo, pero alcanzo a ver que ella no estaba sola. Anduvo un poco mas y vio que ella tenia en sus piernas, un hombre al que estaba acariciando los cabellos. Cuando vio aquella escena, su corazón se lleno de odio y amargura y decidió correr al encuentro de los dos y matarlos sin piedad. Respiro profundo, apresuro sus pasos, cuando recordó el tercer consejo. «NUNCA TOMES DECISIONES EN MOMENTOS DE ODIO Y DOLOR, PUES PUESDES ARREPENTIRTE DEMASIADO TARDE» Entonces se paro y reflexiono, decidió dormir ahí mismo aquella noche y al día siguiente tomar una decision. Al amanecer ya con la cabeza fría, el dijo: «NO VOY A MATAR A MI ESPOSA»Voy a volver con mi patrón y a pedirle que me acepte de vuelta. Solo que antes, quiero decirle a

La parábola del árbol, una historia sobre el amor de un padre

Edith Sánchez· 11 junio, 2019 La parábola del árbol es una historia que nos habla de un niño enamorado de un manzano como lugar de juegos… y también nos habla de los padres y de su inmensa capacidad para ayudarnos más allá de donde alcanzan sus fuerzas. La parábola del árbol es una bella metáfora que trata sobre lo que la gran mayoría de padres son capaces de hacer por sus hijos. Habla de un niño querido y despierto en un lugar lejano. Cerca de su casa había un árbol de manzanas que adoraba. El pequeño no veía la horade estar cerca del árbol. Jugaba con sus ramas, correteaba alrededor de él y comía gustoso de sus frutos. El árbol se sentía muy complacido por ese niño que lo trataba con tanto afecto y siempre quería estar cerca de él. El tiempo fue pasando y el niño fue creciendo. Dice la parábola del árbol que el niño entró a la escuela y ahora invitaba a sus nuevos amiguitos para que jugaranalrededor del manzano. Se sentía pleno. Le encantaban las risas y los correteos de los niños en torno a él. El árbol fue muy feliz en aquellos años. “Economizad las lágrimas de vuestros hijos a fin de que puedan regar con ellas vuestra tumba”. -Pitágoras de Samos- Una ausencia inesperada Los años siguieron pasando y el niño creció mucho. Cuenta la parábola del árbol que cada vez se veían menos. El muchacho parecía muy ocupado con sus nuevos amigos e intereses. El manzano se sentía triste, pero comprendía que esto era natural. Un día el chico volvió. Ya era todo un jovencito. El árbol se sintió muy feliz al verle. ¡Hacía tanto que no estaban juntos! Sin embargo, notó que el muchacho se veía triste. Entonces le preguntó qué le sucedía. ¿Acaso no disfrutaba de su maravillosa juventud? El chico le dijo que en verdad se sentía muy triste. ¡Había tantas cosas que quería tener! Pero no tenía suficiente dinero y debía conformarsecon poco. Deseaba una bicicleta. También ropa nueva. Y dinero en efectivo para invitar a sus amigos… Sin embargo, todo se le iba en deseo. Cuenta la parábola del árbol que el manzano le habló con dulzura. “¡Mira!”, le dijo. “¡Estoy lleno de manzanas! ¿Por qué no las tomas todas y las vendes en el mercado? Así tendrás dinero para lo que necesitas”. Al muchacho le pareció buena idea y así lo hizo. Después no volvió a aparecer por un buen tiempo. Un nuevo retorno Dice la parábola del árbol que pasaron varios años y el muchacho no volvía.El manzano lo extrañaba, pero también entendía que el chico no podía pasarse la vida correteando junto a un viejo árbol. Así que se sentía feliz pensando que su niño también lo era. Una tarde cualquiera vio que el muchacho venía hacia él. Se sintió inmensamente feliz. Había crecido mucho. Otra vez venía con el rostro compungido y la cabeza gacha. Nuevamente el árbol le preguntó qué le sucedía. El joven dijo que quería casarse, pero no tenía dinero para hacer una casa. Así que tendría que posponer sus planes. El árbol, nuevamente con cariño, le dijo: “No te preocupes. Toma mis ramas. Con ellas puedes construir una bella vivienda si te lo propones”. Al joven se le iluminó el rostro. Así lo hizo. Tomó las ramas y construyó una casa maravillosa. Luego se casó y durante mucho tiempo no volvió a ver al manzano. La parábola del árbol Muchos años después, volvió el chico. En realidad, ya era todo un hombre. Le contó al árbol que tenía dos hijos y que quería hacer un bote para pasear con ellos. El manzano no lo dudó ni por un segundo: “¡Toma mi tronco!”, le dijo. “Con él vas a poder construir un bello bote”. El hombre le hizo caso. Nuevamente volvió a desaparecer, esta vez por bastantes años. El árbol temía lo peor. Sin embargo, cuando menos lo esperaba vio que un anciano se acercaba. Era su niño. El mismo que había visto crecer, convertirse en hombre y ahora en viejo. Otra vez se veía triste. El árbol pensó que ya no tenía nada más que ofrecerle. No tenía ramas, ni tronco… Era apenas una raíz pegada a la tierra… El anciano se acercó y lo abrazó. Después lloró. “Estoy solo”, le dijo al manzano entre lágrimas. “No lo estás”, le dijo el árbol. “Aquí estoy yo”, agregó. “Solo tengo unas viejas raíces, pero todavía son grandes y fuertes. Aquí puedes quedarte a descansar”, señaló. Así lo hizo el anciano y allí durmió para siempre. La parábola del árbol representa al amor de unos padres, que nunca se cansan de dar.

El Águila y el Halcón

Cuenta una leyenda de los indios sioux que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo, tomados de la mano, Toro Bravo, el guerrero y Nube Alta, la hija del cacique. – Nos amamos -empezó el joven. – Y nos vamos a casar -dijo ella. – Queremos un hechizo, un conjuro, algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos -dijeron los jóvenes al unísono. – Hay algo que puedo hacer por vosotros, pero es una tarea muy difícil y sacrificada -dijo el brujo tras una larga pausa. – No importa -dijeron los dos. – Entonces -dijo el brujo- Nube Alta, sin más armas que una red y tus manos, subirás al monte y cazarás al halcón más vigoroso. Tráemelo vivo el tercer día de luna llena … Y tú, Toro Bravo -prosiguió el anciano- tú debes traer de la montaña más alta a la más valiente de las águilas, y traerla viva sin ninguna herida. Los jóvenes asintieron en silencio y, después de mirarse con ternura, partieron. El día establecido por el brujo, los jóvenes llegaron a su tienda con dos grandes bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Eran sin duda las aves más hermosas de su estirpe. – Ahora -dijo el brujo- atad entre sí a las aves por las patas con estas tiras de cuero. Después soltadlas y dejad que intenten volar. El águila y el halcón intentaron levantar el vuelo, pero sólo consiguieron revolcarse en el suelo. Irritadas por su incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí. – Éste es el conjuro. Jamás olvidéis lo que habéis visto hoy. Vosotros sois como el águila y el halcón… si os atáis el uno al otro, aunque sea por amor, viviréis arrastrándoos y, tarde o temprano, os haréis daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure volad juntos pero jamás atados. Fuente: Anónimo, recibido por Internet

El amor y el Tiempo

Fuente: enbuenasmanos Había una vez una isla muy linda y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre; El Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría… como también, todos los demás, incluso el Amor Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse. Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el Amor quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento. Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor decidió pedir ayuda. La riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le dijo: “Riqueza… ¿me puedes llevar contigo?”. No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti, lo siento, Amor… Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca. “Orgullo te ruego… ¿puedes llevarme contigo?”. No puedo llevarte Amor… respondió el Orgullo: aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca y ¿Cómo quedaría mi reputación? Entonces el Amor dijo a la Tristeza que se estaba acercando: “Tristeza te lo pido, déjame ir contigo”. No Amor… respondió la Tristeza. Estoy tan triste que necesito estar sola. Luego el Buen Humor pasó frente al Amor, pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando. De repente una voz dijo: “Ven Amor te llevo conmigo”. El Amor miro a ver quien le hablaba y vio a un viejo. El Amor se sintió tan contento y lleno de goza que se olvidó de preguntar el nombre del viejo. Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El Amor se dio cuenta de cuanto le debía y le pregunto al Saber: “Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudo?”. – “Ha sido el Tiempo”, respondió el Saber, con voz serena. – ¿El Tiempo?… se preguntó el Amor, ¿Porqué será que el tiempo me ha ayudado? Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuan importante es el Amor en la vida.